Decisiones Data Driven. Por una ética del dato.

19-Abr-18 by Somos Cranius

data driven decisions

DATA ERA

La reciente noticia sobre  la filtración de datos de millones de usuarios de Facebook, por parte de Cambridge Analytica, ha puesto en tela de juicio los principios del Data Driven. Por primera vez, los usuarios toman conciencia plena de que sus interacciones en la red generan datos. ¿A dónde van a parar dichos datos? ¿Con qué finalidad se utilizan? Estas y otras cuestiones comienzan a resonar en las conciencias de los usuarios.

A raíz de la digitalización del mundo físico, cada vez son más los datos generados minuto a minuto, por millones y millones de usuarios conectados a la red. Los internautas interactúan, reaccionan, y seleccionan múltiples recorridos en función de sus preferencias mientras surfean por la red. A medida que “clickean”, viajan a través de los hipertextos, reaccionan a diferentes notificaciones o siguen a diferentes perfiles en sus redes sociales, van dejando su rastro en la inmensa maraña de datos que alberga Internet.

“Information is Power”, emblemática cita de Francis Bacon, hoy podría ser retomada de la siguiente forma: “Data is Power. La huella digital que los usuarios dejan con sus interacciones en la red es la mayor fuente de conocimiento acerca de él. Los datos nos proporcionan información sobre los usuarios, que podemos utilizar para mejorar las herramientas y servicios que les ofrecemos. Podría decirse que existe un contrato entre el usuario y la red: él es libre de navegar por Internet y disfrutar de sus posibilidades, pero a cambio, sabe que nada de lo que haga pasará desapercibido.

 

DATA MARKETING

Como consecuencia, el marketing tradicional ha relevado. En la actualidad, la toma de decisiones en marketing se basa en datos. La economía digital ha dado protagonismo al dato, que constituye una fuente única de la verdad que garantiza una decisión efectiva. La llamada economía del dato, se basa en el registro y el análisis constante de una gran cantidad de datos. Actualmente, tanto las grandes empresas, como las no tan grandes, basan sus decisiones estratégicas en el análisis de datos.

Las decisiones impulsadas por datos tienen un menor margen de error. Además, las empresas data driven son capaces de almacenar gran cantidad de información sobre sus clientes, lo que les permite ofrecer un mejor servicio, específico y personalizado.

Así, el fenómeno Big Data ha revolucionado la forma de vender y publicitar. Ante la dificultad de llegar al público, que se encuentra saturado de información, los datos se convierten en la única forma de acercamiento. Estos, nos revelan qué interesa a nuestros clientes, qué les conmueve, y en definitiva, nos revelan el camino más corto y llano para llegar a ellos.

¿Pero quién provee a las marcas con estos datos?

 

SOCIAL MEDIA: A DATA FACTORY

En la era digital, las redes sociales se han convertido en un canal indispensable, para la comunicación y el debate. Los usuarios de la red pasamos gran parte de tiempo en estas plataformas. Aquí interactuamos y generamos “datos” a gran velocidad. Pero, ¿A qué coste? Cuando usamos alguna red social o app que pide datos de registro, y aceptamos su política de privacidad, estamos dándoles permiso para que accedan a nuestros datos.

¿Qué aceptamos compartir? Tal vez sea nuestro historial de ubicaciones, tal vez sea nuestra ubicación en tiempo real, o tal vez nuestras fotos y listas de contacto. Todo depende de las condiciones, que generalmente, no solemos tener en cuenta.

Es aquí donde surge el eterno debate ético de la economía del dato. ¿Hasta qué punto es lícito utilizar datos que revelan información sobre el usuario? De nuevo volvemos a la cuestión del contrato. Al aceptar las políticas de privacidad de las redes o aplicaciones que utilizamos, estamos aceptando la cesión de nuestros datos. ¿Dónde están, entonces, los límites de la privacidad en Internet? ¿Quién determina lo que es privado y lo que no?

El reciente escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, ha puesto en tela de juicio la economía del dato. Por primera vez, los usuarios se plantean a dónde va a parar la gran cantidad de información que genera día a día con sus acciones.

(Como recordatorio: el foco detonante fue que Facebook no impidió a Cambridge Analytica, el uso de los datos de más de 500.000.000 millones de usuarios).

Este reciente escándalo ha puesto en evidencia la cara oculta de la economía del dato. No todo va a ser de color de rosa. Internet trajo consigo grandes posibilidades para la democracia. Permitió la conexión y la interacción. Pero, además, favoreció la diversidad. No obstante, al ser una plataforma democrática y transparente, resulta difícil controlar o limitar la libertad de expresión y de actuación de cada uno.

El principal problema es que, desde que Internet llegó a nosotros, las cosas han cambiado a una velocidad exagerada. Internet ha evolucionado a una velocidad mayor que nuestro aprendizaje sobre el medio. En todo este tiempo, mientras recorríamos enlaces, interactuabamos con nuestros amigos, y nos descargamos nuevas aplicaciones, nunca nos preguntamos: ¿a quién estoy cediendo mis datos?

El escándalo de Facebook no ha hecho más que confirmar algo que es evidente, y es que el ignorante es fácilmente manipulable. Por supuesto, aquí entran en juego dos culpables. O mejor, llamémosles responsables, porque prefiero hablar de responsables del cambio que culpables del problema. En cualquiera de los casos, me refiero a las corporaciones y a los propios usuarios.

SOLUTION. DATA ETHICS AND DATA LAW.

A raíz de los recientes acontecimientos, ha quedado en entredicho la “moral” de muchas de las corporaciones cuyo principal activo es el dato. Por ello, ha llegado el momento de solicitar y trabajar por un marco regulado en este ámbito. Para que esto ocurra, es muy importante que las corporaciones se comprometan, pero también deben hacerlo los usuarios.

Los usuarios deben aceptar el compromiso de alfabetizarse y aprender a reconocer este nuevo hábitat. Porque, como hemos dicho, las fronteras entre mundo digital y mundo físico están desapareciendo. Ya que habitamos el ciberespacio, debemos intentar entenderlo, conocer sus ventajas y sus desventajas. ¿Acaso te meterías solo en el peor barrio de tu ciudad? Y si no lo haces, ¿no será porque alguien te dio a conocer con anterioridad que era peligroso? Pues en Internet, casi lo mismo.

Solo cuando los usuarios conozcamos el nuevo medio en el que nos desenvolvemos, seremos capaces de reclamar nuestros derechos. Porque, como usuarios de Internet, igual que como ciudadanos de un país, tenemos derechos y estos deben hacerse efectivos.

Por otro lado, el papel de las corporaciones es crear un nuevo marco ético sobre el que trabajar con los datos. Se trata de trabajar de forma conjunta para elaborar un código deontológico digital.

Como hemos repetido varias veces, el dato es hoy un activo imprescindible para el negocio. Pero también una herramienta indispensable para el usuario, porque el dato servirá para mejorar su experiencia en Internet. El dato nos ayuda, como usuarios a encontrar contenido personalizado, muy afín a nuestros intereses, y a nosotros mismos. En definitiva, el dato hace que nuestra experiencia en la red sea más placentera, eficiente y útil.

Por eso, pensamos que debe existir una iniciativa común por parte de corporaciones y usuarios para salvar la economía del dato. La única forma de salvarla es fomentando y garantizando la confianza. Internet debe ser un espacio seguro, en el que nuestra privacidad no esté en juego. Debemos comenzar por trabajar para crear un marco ético común. La libertad de todos, solo es posible si se ejerce bajo la responsabilidad. Son necesarias reglas que ayuden a la evolución y el desarrollo de Internet. El lugar donde trabajamos y donde, cada vez más, vivimos.

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